¿Qué quereis que os diga?. La entrada de esta semana se resume en una frase que en la ONCE no suele caer muy bien; de hecho, algún perro lazarillo está adiestrado para además de servir de guía a su dueño lanzarse a la zona íntima del que la pronuncie, y no es otra que "una imagen vale más que mil palabras", y si no lo creeis, leed, y luego mirad. Por cierto, os aviso de que cuando digo mil palabras no bromeo, y si no contad desde la primera del título a la úlitma del texto.... lo siento, pero hoy estaba algo aburrido.
TRIBUTO AL DEPORTE PURO.
Siempre he pensado que en lo más profundo de su ser, aunque algunos no lo lleven tan hondo, incluso algunos lo llevan tan a ras de piel que incluso se puede oler, el hombre aun conserva ese instinto animal que en otras épocas por razones de supervivencia podía sacar a pasear mucho más a menudo que ahora. No hablo de ese instinto de supervivencia que nos hace compararnos a los que nos rodean y en caso de considerar peligrosa tal o cual actitud ponernos a la defensiva o incluso atacar de la manera más apropiada al entorno en que se desarrolle esa disputa, porque para bien o para mal, los entornos en los que vivimos hacen que muchas veces, la mayoría de ellas, y atendiendo a lo que llamamos comportamiento civilizado, todo se zanje en un forzosamente cordial acuerdo, con unos cuantos insultos velados de telón de fondo, y aquí paz y después gloria, sin llegar en ningún momento a hacer nada de lo que pensamos.
Yo me refiero al lado viril de ese instinto, a la zona bestia del hombre, al Leónidas que todos llevamos dentro. Ese espartano aguerrido sin miedo al fracaso, duro, rudo, cruel si me apuráis; ese guerrero atávico, esa fuerza de la naturaleza en continua pugna con el mundo, inconformista y voraz para con su destino, salvaje a la hora de tomar y poseer, sediento de poder y de gloria, alimentado de retos imposibles solo capaces para su propia inconsciencia en un inefable sentimiento de venganza sin afrenta. Ese lado oscuro que en su negrura baña el espíritu de superación que todos tenemos y que hace que busquemos siempre ese reto que nos haga enfrentarnos a nosotros mismos en una experiencia mística, en la que la razón se nubla por el sufrimiento y el dolor, sacrificándonos en una suerte final donde la victoria lo es todo.
Pues en mi creencia de su existencia, en mi profundo convencimiento de su realidad como tal, he llegado a la conclusión de que en los tiempos que corren, es en el deporte donde ese sentimiento de lucha suprema se manifiesta, de que es ahí donde hoy dia el hombre puede buscar esa pugna perpetua y encontrar esa válvula de escape para el yo espartano al que antes me refería. Y que mejor deporte que el triatlón, que son tres disciplinas en una, tres guerras en una, una triple conquista, para exteriorizar ese sentimiento de encarnizada pelea entre lo que somos y lo que queremos ser, entre lo que queremos ser y lo que realmente seremos. Ahí terminamos muchos, todos los que leeis este blog al menos. Es en el triatlón donde encontramos ese remanso de paz, ese bálsamo de Fierabrás a nuestras dolencias del ego reprimido por la sociedad de hoy dia, ahí, en el trideporte, es donde expiamos nuestras culpas conformistas y exaltamos a nuestro superyo para que surgiendo desde lo más profundo, desde esa hondura con la que empezaba la entrada, se sobreponga al fracaso mundano de nuestra tolerancia infinita y busquemos esa lucha continua, esa pugna viva por superarnos a nosotros mismos buscando cada dia, cada semana, cada mes un enemigo mayor con el que medir nuestras fuerzas, con el que probar nuestra valía, con el que alcanzar ese éxtasis de sufrimiento seguido de triunfo inmenso que supone vencer tras cruenta batalla, habiéndolo dado todo, a nuestro peor enemigo, nosotros mismos y nuestros miedos.
Fiel ejemplo de todo lo que antes os he expuesto es la imagen que a continuación os muestro. Es la síntesis perfecta que lo resume todo; el poso de ese café amargo de sangre, sudor y lágrimas que es la lucha deportiva en la que nos sumergimos cuando competimos, e incluso entrenamos. Este guerrero heleno, esta altiva figura, este monumento de superación y esfuerzo, de virilidad, de lucha contra los elementos, este bárbaro del norte, este godo indomable, este centurión romano con su prodigiosa montura, su corcel de fuego, su pegaso; Alejandro y Bucéfalo. Su mirada perdida en el horizonte, su gesto contraido, su actitud desafiante, su indómito carácter reflejado en la postura del guerrero masai a punto de ajusticiar sus miedos. La musculatura tensa, el sudor abrillantando su cuerpo sin mácula cincelado en largas horas de duelos al sol esculpiendo su perfección en la búsqueda perpetua del fin inalcanzable, el objetivo supremo, la victoria anhelada. El triatleta perfecto. La máquina perfecta. Un cúmulo de dones de la naturaleza en un mismo ser y al servicio de un mismo propósito. La perfección del triatlón. Un sibarita vestido de prestigio. Un hombre marca. Una suerte de Adonis triatlético al que no falta un detalle. Da miedo mirarlo, y esto, realmente, si que es verdad.....

¿Ya os habeis reido todos verdad?. A mi me paso lo mismo cuando se me ocurrio la entrada, sin embargo,luego me puse a pensar, y a pensar.... y releí varias veces lo que había escrito. Pensad seriamente en lo que os voy a decir ahora, porque es lo que se me ocurrió después de meditar un rato.
Lo que veis en la foto, realmente es un vestigio actual de un pasado no muy lejano. Un avatar de aquellos triatletas que empezaron hace algunos años y que con el tiempo se han ido domesticando, plegándose a las modas. Es la esencia del deporte, de esa lucha titánica a la que con sorna amiga me he referido en todo lo escrito arriba de la foto. ¿Qué es más puro?. ¿Qué es más real?. Este es mi amigo Kino. Miembro del club desde este año. Lleva mi antigua bicicleta con veinte años en sus radios, mi antiguo casco con once años en su cierre y mis viejas zapatillas con sus diez años en las calas. El ha hecho que todo ese material olvidado en mi trastero vuelva a ser útil. El le ha vuelto a dar vida a esos piñones, a esos platos. El ha empezado a luchar como ese espartano del que os hablaba antes, puro, desnudo, sin adelantos técnicos, sin carbonos ni titanios. Simplemente ha entrado en batalla porque le ha llamado su Leónidas interior. Salió con nosotros el sábado pasado y cubrió los 82 kms. que hicimos sin ningún problema. Era su segunda salida en bicicleta de carreras, por apedillar así al hierro que llevaba entre las piernas en honor al manillar del mismo. Disfrutó del entrenamiento, entró en combate contra si mismo y superó con nota la afrenta que su propio destino le había deparado, haciendo su salida más larga. Al final, la victoria le supo a gloria. Había vencido una nueva batalla.
Hay que reirse, porque es para reirse, pero hay que aplaudir, porque hay que aplaudir. Mi más sincera enhorabuena por tu espíritu de superación y tu sentido del humor. Es un homenaje a ti y a todos los que decidís un dia que hay que entrar en combate, que hay que empezar a luchar, que hay que ser libres.
Por cierto, muchísimos ánimos, y mucha suerte para Rubio en su primer IM en Salou. De verdad. Disfruta del dia, amigo. Tu tendrás otra batalla aun mayor, pero recuerda, tú eres el enemigo a batir, solo tú eres el que te puedes derrotar, combate con todas tus fuerzas y vence. Se un finisher, y acomódate en tu gloria.